
Por Norma Beaud :: Colaboradora de Avitus Wine (Francia)
Si bien la industria del vino fue dominada mucho tiempo por los hombres, con el tiempo el interés de las mujeres por el vino se ha ido incrementando y se han incorporado activamente, tanto a la industria, como al consumo. Hasta hace muy poco se hablaba peyorativamente de un “vino para mujeres”, que generalmente era un rosado o blanco sin personalidad y medio dulzón. Hoy, las mujeres elegimos marcas y varietales.
Está comprobado que las mujeres tenemos más desarrollados los sentidos, sobre todo el olfato y el gusto. Para aprovechar al máximo nuestras cualidades sensoriales, te invito a descubrir paso a paso el arte de la degustación, que es un comportamiento que se aprende a través de un proceso simple. No es necesario ser experto ni gastar mucho dinero para encontrar una botella de vino digna de ser puesta en nuestra mesa.
Aunque nuestro artículo se dirige a las mujeres que empiezan a disfrutar del vino, también invitamos a los caballeros que deseen aprender. Iniciemos pues este placentero viaje a la degustación con la vista.
La Vista
En primer lugar, la vista es el sentido que nos permite conocer elementos muy importantes en la elección de la botella de vino, porque es la entrada de datos como la cepa, el país, el año, la apelación, el contenido de alcohol y la forma de la botella, entre otros
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Ya servido, la vista participa activamente de la experiencia de conocer el vino. Levanta la copa por el pie, sin agitarla; inclínala sobre una superficie blanca y registra todos los detalles. Observa y trata de identificar matices, intensidad y tonos del color del vino en la copa.
El color evoluciona siempre en función de la edad del vino y nos da además información acerca del cuerpo y su estado. Su intensidad, además, nos da una idea de su estructura tánica. Si el color es fuerte, profundo y concentrado, existen posibilidades de que este vino sea fuerte, recio y rico en taninos; si es débil, el vino será seguramente ligero de cuerpo y corto en boca.
Por otra parte, el matiz indica el grado de evolución del vino (su vejez). El vino tinto joven normalmente tiene un tono rojo vivo, que cuando envejece adopta tonalidades en teja, ladrillo o marrón, hasta llegar a ocres o ambarinas. El vino blanco, por su parte, pierde sus reflejos verdosos, dando paso a los amarillos que tienden al dorado o al ámbar.
Con la vista tembién percibimos la fluidez, rasgo que hace referencia a la viscosidad o untuosidad. Al mover el vino en la copa se forma un goteo adosado a la pared de cristal, que descienden en forma irregular y se conocen como lágrimas, piernas, cachas o muslos del vino. Se presentan debido a la condensación que produce la fuerte evaporación de alcohol. Su viscosidad revela la presencia de glicerol, así como la cantidad de alcohol y azúcares que contiene. La fluidez no se debe confundir con el aspecto aceitoso de los vinos afectados por la enfermedad de la grasa, poco frecuente hoy en día.
Si bien la ponderación de la información visual en las calificaciones de las catas de los vinos no es muy alta, aprendamos a darle importancia, en tanto que nos ofrece datos importantes para continuar con la degustación o detenernos. Sin lugar a dudas, también en los vinos aplica la frase que dice que “de la vista, nace el amor”. |